29/01/2026 | EN ESTE RINCÓN | 118 Lecturas
Antonio "Bocha" Monetti: Un testigo y protagonista del boxeo catamarqueño de los gloriosos años 80'
Héctor Antonio “Bocha” Monetti es parte viva de la historia grande del boxeo catamarqueño. Protagonista de la época dorada de los años 80', su recorrido está marcado por el sacrificio, la valentía y una generación que dejó huella en los rings y en la memoria popular.
“Había leído en el diario que en la Unión Obrera había un técnico de apellido Mema, mendocino, que había trabajado con Paco Bermúdez. Fui de una, como dicen los changos. Desde la vereda se veía a los chicos saltando la soga”, recuerda Monetti.
Al ingresar preguntó por Roberto Mema y ahí comenzó todo.
Corría octubre de 1981, lo recuerda con claridad porque empezaban los primeros calores. En el gimnasio entrenaban apenas tres o cuatro muchachos: Jorge Rubén Ávila, José Alberto “Yoyi” Navarro y Luis Soto, que ya hacía sus primeras peleas.
A las pocas semanas apareció “El Yuyo” Arreguez, vestido con unas bermudas blancas que en realidad eran un pantalón cortado hasta las rodillas. Seis meses después, Bocha debutó como boxeador amateur. Su primer rival fue un muchacho de apellido Nieto, bajo y de muy buen físico, a quien con el tiempo supo que había sido marinero y era oriundo de Casa de Piedra. “Ahí empezó todo”, resume.
No duda al señalar a Roberto Mema como su mentor absoluto: “De él aprendí todo. Mirando a los que tenía a mano me fui formando. Aprendí de todos, pero principalmente de mi técnico”. Como boxeador se definía ordenado y difícil de golpear. “No hay mejor ataque que una buena defensa”, repetía Mema, y Monetti lo llevaba al ring: iba siempre al frente, bien armado, con guardia cerrada y paso atrás. No hacía cintura, pero sabía neutralizar rivales. “Dejé a varios dando vueltas como remolino”, recuerda entre risas. Perdió su primera pelea recién en la número 13, un número que, paradójicamente, siempre consideró de la suerte. Los entrenamientos en la Unión Obrera eran una verdadera prueba de carácter. “Ahí te recibían de macho o fracasabas en el intento”. Se guanteaba con guantes de cerda, sin cabezal, apenas con protector bucal. No se elegía rival: se guanteaba con el que tocaba. Con apenas 61 kilos, Monetti llegó a cruzarse con pesos pesados como “Yoyi” Navarro, Adrián Cárdenas —quien aún entrenaba— y “El Chola” Bustos. “No había tu tía, se guanteaba. Fuimos audaces y felices al mismo tiempo, y lo más lindo es que nos dimos cuenta”.
Bocha formó parte de una generación que peleaba ante públicos de más de 1.200 personas. “Eran otras épocas”, dicen hoy algunos, “como para bajarnos el precio”, reflexiona. Guanteó con campeones argentinos como Luis Soto, “Yuyo” Arreguez y Miguel Arévalo; con el campeón mundial Hugo Rafael Soto; y con el chileno Martín Vargas, tres veces retador al título del mundo, quien se radicó un tiempo en Catamarca para entrenar con Mema.
También compartió ring con el chileno Carlos Ariel Uribe, dos veces retador mundialista, y fue testigo de semanas históricas en Catamarca, como la visita del prestigioso técnico cubano Servelio Fuentes junto a su pupilo Guillermo Saputo, dos veces olímpico. “Guantié con él toda una semana, siempre cinco rounds. Me quería matar, literal”.
“No le escapé a nadie”, afirma con orgullo. “Le puse el cuerpo y el alma a todos”.
Para cerrar, Monetti es claro y contundente:“El Licenciado Argerich, como promotor, y Luis Soto, como boxeador, marcaron un antes y un después en el boxeo de Catamarca. A ellos les deben esta actividad y el presente lleno de promesas que tuvo y tiene el boxeo en la actualidad”.





